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domingo, 15 de noviembre de 2009

COMPLEJIDAD BASE TEORICA


Hacia una cultura de la complejidad
Martes 6 Octubre, 2009 •

Una provocativa y conocida maldición china reza así: ¡Que vivas en una época muy interesante! . Nosotros que estamos surfeando en una de ellas, estamos en condiciones de comprender la ironía de esas sabias palabras. El espacio conceptual desde el que venimos y que nos formó, se correspondía con una lógica geométrica euclideana, que se soñaba como única y soberana. La realidad parametrizada en leyes inmutables. Las coordenadas cartesianas (de esa realidad) ofrecían una grilla tranquilizadora, y la ciencia, en tanto dogma dominante, nos presentaba un universo mecánico, manipulable y predecible, aunque se antojaba un mundo domesticado y desencantado.
La lógica de la mecanicidad ha dejado de ser funcional. Hoy precisamos herramientas que nos permitan pensar de una manera no lineal, dar cuenta del juego paradojal de nuestro modo de experimentar(nos), acceder a un espacio cognitivo caracterizado por las formaciones de lazos de retroalimentación donde, por un lado, el sujeto construye al objeto en su interacción con él y, por otro, el propio sujeto se transubstancia a partir de la interacción con el medioambiente natural y social.

Estamos asistiendo a una “revolución epistemológica y gnoseológica ”. Estamos dejando de pensar en términos de sustancias, esencias o estructuras, en sí de verdades autoimpuestas, para acceder a la fluidez y variabilidad de la experiencia que exige considerar la conectividad, la actividad, la circulación, la creatividad y la integralidad.
Claro está que las concepciones interactivas de la realidad no pueden ser de ninguna forma dualistas. Deben caracterizarse por sus rasgos dinámicos, multidimensionales, fluidos, orgánicos y complejos. La realidad tal como hoy deberíamos interpretarles se asienta en los vínculos, los sistemas abiertos, las organizaciones complejas, las dinámicas no lineales, el azar y la irreversibilidad, las tensiones, los flujos, circulaciones y turbulencias, los escenarios y el posibilismo de las opciones, la co-evolución y co-creación multidimensional, los juegos productores de sentido simbólico, de subjetividad y auto-organización.

Todas ellas están en el centro de las nuevas formas de pensar-sentir-actuar-ser en un mundo sacudido por agitaciones diversas, en el que parece que todo lo sólido se desvanece en el aire en una vertiginosa transformación. Desde una perspectiva centrada en la dinámica vincular, el cambio como devenir, como transformación, se debe ubicar en el centro del juego que acontece en nuestro espacio cognitivo. El quiebre de la certidumbre en las ciencias duras fue recibido con alborozo en el mundo de las ciencias sociales.
Los modelos basados en el mecanicismo reduccionista han sido muy eficaces al aplicarse en contextos relativamente estables y aislados. Los pensadores de la modernidad trabajaron con ahínco para construir un mundo tal que sus productos mecánicos resultasen funcionales: en el laboratorio, en la fábrica, en las instituciones fue generándose un ámbito estabilizador a fuerza de estandarizar los parámetros ambientales y sociales. De esta manera la experiencia del sujeto entró dentro de la máquina estandarizadora. La familia, la escuela, la fábrica, el ejército son las instituciones encargadas de llevar adelante este proceso de estandarización y domesticación del sujeto tal como lo expresó Michel Foucault. Desde ese limitado devenir surgió la restricción profunda a explorar lo diverso, a dar cuenta de lo diferente, lo creativo, lo no domesticable, lo que se sale de la norma, lo que se inscribe como único, lo que no puede cristalizarse en un modelo general, en una estructura, o patrón genérico de comportamiento.

Abrir nuestro pensamiento creando espacios para lo informal, como “no formal” y no como “sin forma”, implica dar lugar a los cambios como verdaderas transformaciones y no como un despliegue de lo mismo, y es por lo tanto una perspectiva tanto cognitiva como ética. Nuevas perspectivas están en plena expansión gestando modelos no lineales, complejos y caórdicos. Todo el universo de lo físico y lo social es visto hoy como una inmensa “red de interacciones orgánicas” donde nada puede definirse de manera absolutamente independiente sino absolutamente interdependiente.
Sin embargo, hoy tenemos grandes dificultades para incorporar el punto de vista implicado en la metáfora de la red y la mayoría de las personas siguen pensándose como individuos aislados y no como parte participante de múltiples redes de interacciones: familiares, de amistad, laborales, recreativas, políticas, culturales, informativas, lingüísticas y comunicativas.
Es vital que quienes tienen a su cargo gestionar las instituciones de este mundo den el necesario giro epistemológico hacia la complejidad, la transdisciplinariedad, la multidimensionalidad de los aconteceres que queda reflejado en el pensamiento complejo, que toma en cuenta las interacciones dinámicas y las transformaciones emegentes: la cultura de la complejidad.
El mundo en que vivimos es un mundo mucho más humano, un mundo simbólico, un mundo construido en nuestra interacción con lo real, con lo que está afuera del lenguaje, con el misterio que opone resistencia a nuestras creaciones y a la vez es la condición de posibilidad de las mismas.

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